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Running

Maratón de Río, en primera persona

@ferminbacque

Elegí La Maratón de Río de Janeiro porque es el evento de running más grande de Latinoamérica y no conocía la ciudad. Iba solo, con un objetivo que me daba vértigo y entusiasmo a la vez: bajar las tres horas.

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La largada

Me levanté a las 3:10. La carrera largaba a las 5:30, pero los días previos había corrido el reloj de a poco para llegar descansado. Camino a la largada tomé 80 gramos de carbohidratos: el cuerpo tenía que arrancar con el tanque lleno.  Los minutos antes de largar fueron de mucho nerviosismo. Había entrenado mucho y confiaba, pero igual tenía miedo.
 Y ahí apareció el grupo, unas cincuenta personas que buscaban mi mismo tiempo. Me sumé sin pensarlo. Correr en grupo te saca la cabeza del esfuerzo y te la pone en el ritmo.

Una estrategia pensada para el calor

El calor húmedo de Río no daba tregua, y el plan estaba diseñado para sostenerlo durante casi tres horas: un gel neutro cada seis kilómetros para energía rápida y sostenida, pastillas de sal intercaladas para cuidar la hidratación y prevenir calambres, y dos geles de mango y maracuyá con cafeína en la mitad del recorrido, justo donde la cabeza empieza a aflojar. En una maratón, el combustible no es un detalle: es estrategia.

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El kilómetro 41

Toda la carrera fue muy bien, con mucho aliento de la gente — era increíble. 
 En el kilómetro 41 el grupo se alejó y no pude mantenerlo. Me quedé solo, sin público, con las piernas destruidas y dos kilómetros por delante. El ritmo se me había caído de 4:13 a 4:26 minutos por kilómetro y el tiempo estaba al borde.  Pensé lo peor. Pero apreté los dientes y me concentré en dar cada paso lo más rápido que podía.

La llegada

2:59:40. Veinte segundos menos que mi objetivo. Cuando crucé y vi el reloj, me salió un grito desde adentro. Fue todo junto: los meses de entrenamiento, la semana de dolores inventados, las 3:10 de la mañana, el kilómetro 41 solo. Todo en un segundo.
 Porque bajar de tres horas no se definió en esos últimos dos kilómetros. Se definió antes, en cada decisión: el entrenamiento, el descanso, una estrategia de nutrición que no dejó nada librado al azar. El cuerpo responde cuando lo acompañás bien.